lunes, 24 de septiembre de 2012

ESPIRITUALIDAD CREENCIA Y RELIGION

          El teólogo Javier Melloni nos ha dejado la siguiente reflexión acerca del concepto de espiritualidad, creencia y religión en una entrevista realizada por Elena Lorente:

Dice Javier: "Podríamos decir que las religiones son las copas; la espiritualidad, el vino; las creencias, las denominaciones de origen de cada vino, y la mística es beber de ese vino hasta embriagarse. Cuando se confunde la copa con el vino y el vino con la experiencia de beberlo es cuando surgen los conflictos. ¿Son necesarias las copas para beber el vino? Unos considerarán que sí, y serán practicantes de una determinada tradición. Otros preferirán beber el vino directamente de la bota, con el riesgo de que se les escape entre las manos o no sepan ponerle límite. Lo característico de nuestro tiempo es que cada cual es libre y responsable de sus propias decisiones, sin amenazas que nos infantilicen.·"


              Bueno, la comparación es ilustrativa aunque siguiendo el hilo del vino podemos ampliar algo más el ejemplo: La composición del vino incluye: agua, taninos, alcohol, azúcares residuales y otros compuestos diversos. Asímismo es la expresión de la espiritualidad: un compendio de sustancias, algunas alimenticias (azúcares y carbohidratos) y otras nocivas (alcoholes y otros subproductos de la fermentación). Cuando uno ingiere vino puede notar varios efectos: en pequeñas dosis puede ser digestivo, placentero y cardiosaludable. En dosis mayores puede producir  embriaguez, y pérdida de los reflejos, sensación de mareo, incluso vómitos. El consumo moderado es beneficioso para la salud, pero el exceso conduce a la cirrosis y la muerte. Algunos prueban el vino a muy corta edad, se emborrachan y generan un rechazo y una intolerancia de por vida. Otros sufren progenitores alcohólicos que abusan de ellos en su infancia generando traumas difíciles de superar en la edad adulta. 
            Los hay que no pueden vivir sin un consumo diario elevado, otros lo cunsumen ocasionalmente, en reuniones de carácter social,  y otros acaban bebiendo cuando tienen problemas emocionales, pérdidas familiares, etc.. También los hay que lo rechazan, que les resulta desagradable su sabor, mientras otros son incondicionales de una marca y a otros pocos al contrario, les gusta probar todas las clases y cambiar con frecuencia de marca. Los hay fanáticos hasta el punto de no reconocer mejor bebida en el mundo que el vino.
Los efectos del consumo no se muestran por igual en todas las personas, las hay que deliran con el alcohol o con la falta del mismo cuando son dependientes. El consumo incontrolado produce dependencia física y psíquica, que suele anular la personalidad del individuo, siendo difícil el tratamiento posterior.
            No vamos a entrar en el debate de las denominaciones de origen, las calidades, el consumo en grupo o individual, etc. porque me parece que ese debate es obvio con todo lo que se ha tratado en el blog con anterioridad. Tampoco  trataremos el trabajo del enólogo (teólogo) que con sabiduría, pericia y materiales de trabajo adecuados puede transformar un mosto pasable en un vino excelente. La publicidad y el marketing también influye en los gustos del consumidor. Mucha gente no distingue la calidad de lo que le ofrecen  y se deja guiar por opiniones de terceros. También los hay que escogen vinos de baja calidad y  los mezclan con cualquier cosa (casera, cola, cerveza etc..) con la única finalidad de emborracharse a bajo precio. Incluso los hay que han bebido vino toda su vida sin percatarse de lo que estaban bebiendo, sin prestar atención a su calidad ni a sus consecuencias.
             Hoy en día la industria del vino ha generado (en algunos países) un entramado social, político y económico del que sería muy difícil prescindir, porque además es un bien económico  y cultural que  genera riqueza y empleo. El consumo a nivel mundial aumenta día a día, sobre todo en países no consumidores tradicionalmente. Es una gran oportunidad de negocio para quienes ya tenemos experiencia previa en el sector. 

CONCLUSIÓN: Parece que un consumo moderado de vino (un vaso a la comida), es beneficioso para la salud. El exceso no es recomendable, ya que conduce al alcoholismo, una enfermedad grave y de difícil tratamiento.