martes, 18 de junio de 2013

LA RELIGIÓN Y EL USO QUE DE ELLA HACEN LAS PERSONAS

     Un ateo convencido me interpeló en medio de la calle y me hizo la siguiente reflexión: “Yo no creo en Dios, ni que exista nada parecido, pero algo tiene que haber porque sino no se explica la maldad que tienen algunas personas”. El comentario venía porque una profesora le había puesto un mote a su hijo en clase, un mote despectivo que le ha causado bastantes problemas al muchacho. El padre estaba muy enfadado por este hecho, para el atribuible a una maldad que solamente un Dios perverso podría permitir. (La interpretación habitual suele ser  la contraria).

     He traído este ejemplo  para hacer ver como muchas personas confunden a las religiones con el uso que de la religión hacen las personas. Es importante el matiz y debemos diferenciarlo siempre. Cuando analicemos una religión en concreto debemos hacerlo estudiando su sistema de creencias, su filosofía, su teología, su dogmática y su praxis, pero nunca debemos hacerlo en base al uso o abuso que de la misma hacen determinadas personas. Este hecho es crucial, ya que si juzgamos a las religiones por las atrocidades o por las bondades que determinadas personas o individuos hacen de las mismas, no estamos analizando a la religión en si misma sino a un determinado colectivo que “usa” esa religión para sus fines. Es importante matizar e insistir bien en esta diferenciación pues de lo contrario muy pocas religiones serían dignas de se tenidas en cuenta. 
     El otro planteamiento es que estemos estudiando o analizando la repercusión sobre la humanidad que tiene o ha tenido una determinada religión en la historia del hombre, en ese caso si será importante el comportamiento de las personas, pero solamente en ese contexto. 
       Espero que con este breve comentario haya quedado clara la distinción, porque no siempre es así y es muy común  valorar  una religión por el simple comportamiento de algunos de sus miembros, que puede oscilar desde la bondad y el sacrifico y entrega hacia los demás  hasta el más radical fanatismo e intolerancia.