miércoles, 19 de marzo de 2014

UNA NUEVA PREGUNTA

  Revisando textos antropológicos acerca de la frontera entre lo sagrado y lo profano me ha surgido una duda que espero os haga reflexionar un poco: ¿Nace la religión de la necesidad de dar explicación a los hechos que se nos escapan o nace del deseo de manipular lo impredecible?. Me explico un poco más: entendemos que la religión tiene por objeto fundamental dar existencia a la vida tras la muerte y dar explicación a tantos fenómenos para los que aún no tenemos una convincente explicación científica, pero no hay que obviar que mediante determinados comportamientos, tales como sacrificios, circuncisiones, rezos, ofrendas, etc... el hombre trata siempre de manipular los designios del Dios que él mismo ha creado para que esos designios le sean claramente favorables, bien sea en forma de mejores cosechas, triunfo en batallas, protección individual y una segura vida ultraterrena donde abunden paraísos y una nutrida corte celestial a su servicio. ¿Cual de estas dos motivaciones está por encima?. Dicho de otro modo, si el hombre no pudiera influir de ninguna manera sobre los designios de la divinidad, ni ahora ni en su vida post-mortem, ¿seguiría creyendo?.
Espero que reflexionéis en profundidad sobre ello. En un año, más o menos os daré mi respuesta, porque os llevará un año resolver este enigma. 

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